viernes, 19 de julio de 2013

Te enamoraste, solo eso.

Ese manojo de nervios que se te forma cuando te mira, te muerdes el labio, acaricias tu pelo, no puedes evitar mirarle cada vez más..... Se da cuenta, pero tú sigues embobada en su sonrisa, en esa sonrisa que cuando viste por primera vez te pareció tan maravillosa y que aun te fascina, cada vez que pasas por su lado te pega un vuelco el corazón, no puedes evitar sonreír cada vez que lo nombran, piensas en el día y noche, su nombre te viene a la cabeza, sus ojos, su voz, su sonrisa, su pelo.... Todo te parece tan maravilloso, hasta sus defectos te parecen perfectos... Es hay cuando te das cuenta de que lo quieres, de que te has enamorado, de que te da igual todo lo que pase, solo quieres que sonría, solo quieres verle feliz, contigo o sin ti, cerca o lejos, te da igual, te da igual tener que dar la vida, solo quieres ver su sonrisa, verle feliz, con eso te basta, tu felicidad depende de la suya... 
Piensas que te estas volviendo loca, que nada tiene sentido, no puedes pensar con claridad, todo te parece absurdo, nada es concreto, todo son inestabilidades y emociones contrarias, no controlas lo que sientes, lloras y ríes al mismo tiempo pero enseguida te consumen la rabia y los celos y tu, siendo solo una niña, no sabes el por que de todo eso, no sabes lo que ha pasado, no sabes por que ese chico no sale de tu cabeza, entonces lo entiendes, sabes el por que de todo, comprendes que tus sentimientos y tu corazón se han convertido en suyos y es entonces cuando te has enamorado, cuando, aunque lo niegues, cada parte de tú cuerpo le pertenece, cuando no eres dueña de tú corazón, si no que el se ha adueñado de él sin tú ni siquiera darte cuenta y él ni siquiera pedírtelo, sin darte cuenta se hizo hueco en tú corazón con una mirada y poco a poco fue abriéndose camino hasta ocuparlo todo por completo, hasta llenarlo todo, sin tú ni siquiera darte cuenta de que sus abrazos cada vez se sentían mas intensos, que sus besos en la mejilla eran más cálidos y querías, sin saberlo, que sus labios se pegaran a los tuyos, no te diste cuenta de que cada vez te perdías más y más en su mirada y que ya no tenías escapatoria, ya no podías huir de el, estabas enamorada, simple y llanamente era eso, nada más.

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