Ella se siente sola, no quiere hablar, no quiere vivir, le hecha de menos, no se atreve a hablarle, otra vez el orgullo, solo llora desconsoladamente esperando que él aparezca por la puerta para besarla, para abrazarla como lo hacía antes, mirarla a los ojos, decirla te quiero y hacerla reír con miles de cosquillas, pero eso no pasara, maldito orgullo.
Ahora hablemos de él, no quiere parecer triste, no quieres estar deprimido delante de sus amigos, pero no deja de mirar su teléfono, esperando ese "Hola" que nunca llegara, ese "Te necesito" que nunca le mandó, quiere verla, ir junto a ella y decirla lo mucho que la necesita, pero no lo hará, espera desesperadamente el momento en el que por fin pueda besarla de nuevo, abrazarla, acariciarla, hacerla reír, verla llorar, simplemente verla, pero no sucederá, el orgullo otra vez.
No nos damos cuenta pero, solemos perder las cosas por culpa del orgullo, no de discusiones ni peleas, si no por que nuestro orgullo llega a ser tan fuerte que un simple "Lo siento" nos parece que es algo complicado, algo que no debemos decir, pero algo que necesitamos decir, tragarnos el orgullo y actuar siguiendo al corazón, eso deberíamos hacer, poder pedir perdón sin que suponga ningún sufrimiento.
Cuando el orgullo desaparezca la felicidad sera infinita, cuando pedir disculpas no signifique ser inferior a alguien, cuando podamos decir lo que sentimos sin pensarlo dos veces, en ese momento encontraremos la felicidad.

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